Las comadres se reúnen para honrar esta costumbre ancestral que marca el comienzo de los festejos más coloridos y profundos de la cultura jujeña.
La fiesta más esperada del año ya está en el aire. Este jueves 12 de febrero, Jujuy vibra con el Jueves de Comadres, esa tradición en la que las mujeres se juntan para celebrar su vínculo, compartir risas y dar el primer gran abrazo al carnaval que se viene.
Desde la Quebrada hasta los valles, la Puna y la capital, las comadres se reúnen para honrar esta costumbre ancestral que marca el comienzo de los festejos más coloridos y profundos de la cultura jujeña.
El Jueves de Comadres es una tradición que marca el inicio simbólico del carnaval en el noroeste argentino. Es el día en que las amigas, hermanas, vecinas y colegas se reúnen para celebrar su vínculo, honrar la costumbre ancestral y prepararse para las semanas de fiesta que se vienen.
En la cultura andina, este jueves da inicio a un ciclo de encuentros que continúa con el Jueves de Compadres (cuando se juntan los hombres) y culmina en los días centrales del carnaval, donde las comunidades se reúnen para agradecer a la Pachamama por las cosechas y pedir por un año de abundancia.
La tradición del carnaval jujeño combina elementos de la cosmovisión andina con la festividad católica, creando una celebración única que fue declarada Patrimonio Cultural e Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO en 2024.
Se vive en las quebradas, valles y toda la geografía provincial con música de coplas, bandas de sikuris, comparsas y el infaltable desentierro del diablo de carnaval, ceremonia que marca el inicio oficial de la fiesta y que se realiza el sábado anterior al carnaval.
La copla es el corazón musical de esta celebración: esas estrofas cantadas que pueden ser picarescas, románticas o de crítica social, acompañadas por cajas, charangos y guitarras. Cada región tiene su estilo: desde la Quebrada de Humahuaca hasta los valles, pasando por la Puna, el carnaval adquiere matices propios pero mantiene su esencia de agradecimiento a la tierra y celebración comunitaria.
Durante casi un mes, Jujuy se transforma en un escenario de fiesta donde los rituales ancestrales conviven con la alegría popular, y donde compartir, comer, beber y bailar se vuelven actos de conexión profunda con la identidad cultural.

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